COMPILADORES: JUAN DIEO PARRA VALENCIA, BEATRIZ ELENA ACOSTA RIOS, SIMON PUERTA DOMINGUEZ
El de Gaviria es, quizás, el mejor ejemplo de un tipode cine que habla de un mundo aún por descubrir, de un pueblo que está porllegar, que se debate en la indiscernibilidad del pasado y el presente, en unmundo que aún no está completamente formado, un trance. Su preocupación por lomarginal no se refiere solo a una condición socioeconómica ligada a sistemasgeopolíticos, sino a una dimensión expresiva de un pueblo en la que la realidadse resiste a ser configurada, a ser establecida; en resumen: representada. El carácter de su cine, por tanto, no esrepresentativo, sino presentativo. De ahí que su función sociohistórica seaparadójica, pues da cuenta no solo de lo que pasó, sino de lo que nunca hadejado de ocurrir. Este es el sentido del pueblo que falta, como campo deintensidades que no solo revela lo que no es visto, aquello que no está en elencuadre o dentro del plano, esa dimensión de lo marginal que insiste en servisible como entorno o rumor colectivo, sino también como aquelloque aún no ha sido, que es un por-venir latente y urgente, un futuro anteriorque no cesa de no decirse. La obra de Gaviria,pues, nos traza una ruta imaginaria de constatación que se refiere al pasadocomo futuro, que nos refleja como pueblo aún en proceso, no como pueblo enfalta, que no es, sino como pueblo que falta, es decir, como potencia de sí