RICARDO JOTA
Leyendo este libro recordé algunas conversaciones con Gilmer Mesa y David Betancurth, pues en ciertas ocasiones hemos hablado, mientras bebemos una que otra cerveza, de lo mismo que sucede aquí: de la ciudad como territorio turbio a nivel moral, de la belleza que a veces se esconde en lo grotesco y, por supuesto, de esa literatura que jamás salva al mundo porque su interés es mostrarlo tal cual como sucede frente a nuestros ojos: incómodo, brutal y ridículamente humano.