EMERSON CARO CENCIO
La locura constituye una forma intensa de vivir y no siem-pre equivale a una enfermedad mental; tampoco ingresa a la denominación de «psicosis», aunque en la mayoría de las veces sí. Lo que sí puede afirmarse es que implica un pade-cimiento particular. Si bien su principal manifestación suele evidenciarse en la «ruptura» del orden social, el loco se ve impulsado por una potente energía que, en muchas ocasiones, lo conduce a errar y a desligarse del lazo con los otros. Frente a ello, el arte se presenta como una de las vías de estabilización psíquica, capaz de transformar el sufri-miento en creación.
A través de la experiencia del terapeuta como anfitrión en el taller de artes, se revela la importancia de reconocer y adaptarse a la singularidad de cada huésped con padeci-mientos psíquicos, implementando una intervención que garantice una acogida para la expresión de la creación artís-tica y fortalecer su vínculo con el otro.
Caro Cencio plantea una pregunta esencial: ¿Puede haber hospitalidad cuando el psicótico nos interpela con lo más profundo de lo humano, sin someter su diferencia?